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Del 15/10/2003 al 30/10/2003
Hans Bloch
Hans Bloch

Inauguración: 15/10/2003 a las

Descubrir a Han bloch

En un amplio apartamento del barrio madrileño de Chamberí, cuyas ventanas dan al recoleto jardín del Museo Sorolla, vive (…) la poetisa Dolores Catarineu. Me encanta visitar a Dolores Catarineu… Para ver, también, pintura. En las paredes hay cuadros(...) Los que más me interesan aquí son los de quien fuera su marido, el pintor alemán Hans Bloch (Tsinanfu, China, 1909 – Madrid, 1998), al que desgraciadamente no alcancé a conocer(…). Efectivamente, la primera vez que oí hablar de Hans Bloch, fue de boca de ese amigo común, de otro pintor que tampoco está entre nosotros y al que mucho quise: José Guerrero. Con auténtica devoción, (…)nos habló de aquel joven alemán, al que había conocido en su ciudad natal, en 1935. Le debía, nos dijo, sus primeras nociones en torno a las vanguardias (…) Hans Bloch había nacido en la mencionada ciudad china, debido al hecho de que su padre, ingeniero alemán de Caminos, participaba ahí en el trazado de un ferrocarril. Brumosísimos debían ser para él los recuerdos de aquel país. Efectivamente, en 1913 se produjo para la familia un cambio radical de escenario: marcharon a Brasil, donde se trataba de construir otra vía férrea, y donde permanecieron hasta mediados de la década del veinte. Berlín(…) significó, para el adolescente, el descubrimiento del expresionismo(…)… De ese periodo deben datar algunas pinturas de motivos alemanes que se conservan, entre ellos una vista de Hamburgo, con algo de marquetiano. Desde Berlín, a mediados de los años treinta Hans Bloch visitó Italia. De ese viaje quedan algunas pinturas especialmente luminosas y felices: Ischia, el jardín Botánico de Palermo…En 1935, Hans Bloch llego a España gracias a una beca. Granada se iba a convertir pronto en su ciudad de elección. (…), expone su obra en la Casa de los Tiros, (…) La guerra civil española, y la Segunda Guerra Mundial, empujaron a los dos amigos, a Guerrero primero, y luego a Hans Bloch, a sendos destinos militares no deseados. (…) Retornada la paz al continente europeo, (…) Hans Bloch y Dolores Catarineu probarían suerte en negocios lejanos, confirmándose la vocación exótica y también cabría decir que novelesca del alemán. Concretamente, su destino común sería Guinea Ecuatorial, donde tuvieron una plantación. 1949,1952: Hans Bloch celebra dos individuales relativamente próximas en el tiempo, en la Librería- Galería Buchhloz, junto a la Cibeles, una de las plataformas realmente modernas de aquel Madrid(…). De las pinturas de aquel tiempo, finales de los años cuarenta, comienzos de los cincuenta, que conserva Dolores Catarineu, me gustan mucho algunas vistas urbanas de un Madrid (…); las de la localidad guipuzcoana de Deva, (…); las de Ibiza, la isla moderna por excelencia; y muy especialmente las realizadas en Guinea Ecuatorial. En todas estas obras se advierte una gran preocupación por los problemas de la luz y del color, y una fortísima voluntad de lujo, calma y voluptuosidad(…). Especialmente interesantes encuentro las obras guineanas de Hans Bloch. Lo exótico del marco, es casi lo menos: Lo más importante: cómo el pintor logra construir un ámbito eufórico, y proponernos unos espacios habitables, por un lado matissiano, nuevamente. (…). Tras un larguísimo paréntesis expositivo, al cual uno no termina de encontrarle explicación, durante los veinte últimos años de su vida, época en que pasó temporadas en una casa que tuvieron en la localidad mallorquina de Pollensa, es cuando se afianzó la vocación pictórica de Hans Bloch. En l979, y presumiblemente gracias al fiel Guerrero, Juana Mordó le organizaba una individual en el Instituto Alemán, integrada por acuarelas kalidoscópicas –así las definía entonces una periodista, Aurora Mateos-, laberínticas, de fuerte armazón cubista y constructiva, pero habitadas por la luz(…). Debía resultarle especialmente grato el volver, al año siguiente, a Granada, para celebrar, con el patrocinio de la Asociación Cultural Hispano-Alemana, una individual, celebrada, como no podía ser de otro modo, en la Casa de los Tiros, el mismo lugar donde en 1935 había tenido lugar su estreno expositivo. Junto al jardín de Sorolla, y junto al taller poético de su amada Dolores Catarineu, me imagino la serena entrega de Hans Bloch durante los últimos años de su larga vida, al arte de la pintura. Los remotos recuerdos de China y los más persistentes de Brasil, su frondosa selva amazónica, los del paisaje asimismo exuberante de Guinea Ecuatorial, lo aprendido en el agitado Berlín de los años veinte y muy especialmente gracias al estudio de la obra cristalina e impar de Paul Klee, las provechosas estancias prebélicas en Italia o en Granada, la experiencia dolorosa del último conflicto europeo, la quietud matissiana de Deva o Pollensa, el ejemplo del amigo Guerrero, la decisiva admiración por Rothko, cuyas pinturas sublimes, y de una ortogonalidad en el fondo mondrianesca, contempladas en 1987, en la fundación Juan March, me consta que le impactaron sobremanera….Todo esto se funde en la obra más tardía de Hans Bloch. Entonces liberado ya del corsé cubista y constructivo que todavía le apresaba unos años antes, nacen sus pinturas más plenas, más transparentes, más puras y cristalinas. En ellas, Paul Klee, Kandinsky, Kupka, se reconcilian, de algún modo, con Rothko. Papel tras papel vemos a Hans Bloch definir ámbitos claros, serenos, luminosos, por lo general tan ortogonales como los del ruso-norteamericano. Azules, verdes, grises, amarillos, rojos, pardos: una energía, a veces, de estirpe guerreriana, se alía con una sensibilidad sutil. Geometrías, en diálogo con efusiones. Colores profundos, nada planos. Paisajes interiores. Instantes. Un arte meditativo, introspectivo, concentrado, repetitivo, de alta densidad lírica. Fuera de cualquier vana lucha por ocupar puesto alguno en el escalafón, junto al jardín de Sorolla, en su propio jardín o paraíso pintados, el Hans Bloch octogenarios nos da, papel tras papel, una soberbia lección de pura y desinteresada pintura, y también de inteligente saber estar en el siglo, defendiendo la libertad, la intimidad, el placer, la individualidad, la intuición…Me hubiera gustado, sí, conocer a este pintor secreto alemán, español de adopción, cuya cronología, que ciertamente daría para una novela, está todavía por fijar del todo –no termino de saber dónde están pintadas algunas obras luminosas inmediatamente antes al cataclismo de la segunda guerra mundial- pero del que poco a poco voy sabiendo más cosas, a este pintor que creo que fue feliz a su modo, al autor de estas pinturas tan plenas y tan sensibles y a la postre tan hermosas, sobre las que ahora, con buen criterio, Mayte Aguirre, que es quien me condujo en su día a Dolores Catarineu, vuelve a proyectar el foco, como ya lo hiciera en 1999, volviendo a proponernos tanto obras de los años treinta, cuarenta y cincuenta, como un amplio conjunto del periodo final.JUAN MANUEL BONET

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"Mirando el Alba 1994"
Hans Bloch
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"Viento 1990"
Hans Bloch
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"Piedras romanas 1996"
Hans Bloch
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"La noche 1981"
Hans Bloch
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"Transparencias 1970"
Hans Bloch
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